Lima.- En el Foro GLI Latam 2026, el panel «Salud de la mujer como motor de desarrollo» puso sobre la mesa una paradoja difícil de ignorar: las mujeres reciben un 25% menos de atención médica que los hombres, mueren a razón de dos por minuto por causas prevenibles y, pese a ello, siguen teniendo un rol central en el cuidado y sostenimiento de sus familias y comunidades.
María Noel Vaeza, asesora senior de PATH, fue directa al señalar el argumento que, según ella, debería movilizar al sector privado: «Hay 120 mil millones de dólares que se están dejando de ganar, y ahí hay que poner el dedo.»
Vaeza trazó un diagnóstico estructural: las mujeres sin acceso a salud son mujeres que no pueden trabajar ni producir. Señaló que la desigualdad en los diagnósticos es una de las brechas más invisibilizadas: la mayoría de las mujeres no mueren de cáncer sino de enfermedades cardiovasculares, una patología históricamente estudiada en hombres y para hombres.
«Se sigue haciendo investigación y desarrollo pero sin las mujeres, no se les consulta qué necesitan. Ese es el desafío más grande», afirmó. Como ejemplo de lo que sí funciona, mencionó el trabajo de PATH para bajar el precio de la vacuna contra el papiloma humano, un cáncer curable que mata a más de dos millones de mujeres por año.
Ivy Lorena Talavera Romero, asesora de la OPS/OMS, reforzó el argumento con datos regionales: América Latina destina apenas el 4,5% del PIB al gasto público en salud, cuando la recomendación internacional es entre el 6 y el 8%.
«Hemos mejorado la esperanza de vida al nacer, pero hay diez años de diferencia entre esa expectativa y los años de buena salud», señaló. Es decir, aunque las personas viven más años, una parte importante de ese tiempo transcurre con enfermedades o problemas de salud.
Para Talavera, el problema no es la falta de evidencia sino su traducción política: «La data que se genera debe transformarse en una acción concreta.»
Celina de Sola, cofundadora y presidenta de Glasswing, apuntó a uno de los problemas de fondo: la fragmentación. «Trabajamos de manera fragmentada. Pensemos en la totalidad de la vida de la mujer y no de manera parcial, que no funciona», dijo.
De Sola también llamó la atención sobre la salud mental como una prioridad que, paradójicamente, al ser elevada como tal tiende a reducirse a la patología: «Nos hace olvidarnos de lo más importante, que es la conexión humana.»
Iris Parra, directora de Enlaza, señaló que el campo del FemTech -soluciones tecnológicas para la salud femenina- refleja con crudeza las asimetrías globales: mientras en Europa hay 1.700 startups del sector y en Estados Unidos 2.500, en América Latina apenas llegan a 70.
«Ya no somos consideradas un nicho», dijo Parra, «pero en salud tenemos más preguntas que respuestas.» Destacó además que solo el 7% de las mujeres en la región tiene seguro social, consecuencia de una mirada reactiva más que activa sobre la salud.
Andrea Monge, CEO de ESPE, cerró el panel con una reflexión sobre el cambio de paradigma en curso: «Se dejó de ver a las mujeres como la enfermedad propiamente y se empezó a ver a nivel social qué hacer con eso.»
Para Monge, la articulación entre sectores sigue siendo el mayor desafío, y espacios como el Foro GLI son parte de la respuesta: «Creo en abrir espacios de diálogo como este, donde hay gente dispuesta a preguntar cómo hacemos este cambio. Pues hagámoslo juntos.»
El panel fue moderado por Estibalitz Laresgoiti, miembro de la Junta Directiva de Pro Mujer. El Foro GLI Latam 2026, organizado por Pro Mujer bajo el concepto «Nuevos horizontes: tecnología, territorio y poder colectivo», se desarrolla en Lima del 26 al 28 de mayo y reúne a participantes de más de 30 países para debatir cómo la inversión con enfoque de género puede transformar las economías de la región.
