Lima.- Según el estudio “Perfil financiero de los jóvenes de Lima Metropolitana y Callao 2025” de Experian, el 85% de los jóvenes utiliza billeteras digitales y el 81% accede al sistema financiero. A pesar de este avance, más de la mitad no planifica sus gastos. La cifra evidencia una brecha entre la inclusión financiera y la capacidad de gestionar el dinero de manera estratégica.
Este escenario refleja un cambio en la relación de los jóvenes con el dinero. Las decisiones financieras hoy son más rápidas, digitales y menos visibles. Esta facilidad mejora el acceso. Al mismo tiempo, reduce el nivel de control y planificación en el día a día.
“Hoy los jóvenes tienen más herramientas financieras que nunca, y eso representa una gran oportunidad. El reto ya no está en acceder al sistema, sino en saber cómo moverse dentro de él. Eso implica tomar mejores decisiones en el día a día, como planificar gastos, ahorrar de forma constante y entender cómo funciona el crédito”, explica Juan Carlos Higueras, doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School.
Esta brecha se explica en decisiones cotidianas. No se trata de grandes errores, sino de dinámicas que se repiten y terminan impactando en la estabilidad financiera. Entre las más frecuentes se observan:
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Tomar decisiones de gasto sin una visión completa del mes: el dinero se usa en función de lo disponible en el momento, sin considerar compromisos futuros ni patrones de consumo.
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Recurrir al crédito como solución inmediata: se utiliza para cubrir gastos cotidianos sin dimensionar su costo real ni su efecto en el presupuesto.
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Postergar el ahorro de forma constante: se prioriza el consumo presente, lo que dificulta generar una base financiera sólida.
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Dejarse llevar por dinámicas de consumo digital: el entorno online acelera decisiones que no siempre responden a necesidades reales.
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Perder trazabilidad sobre los gastos: la digitalización simplifica el pago, pero también reduce la percepción del dinero.
Este tipo de decisiones responde a una lógica de inmediatez que, si bien es funcional en el corto plazo, limita la capacidad de planificación en el mediano y largo plazo.
En este contexto, el desafío no está en restringir el uso de herramientas financieras, sino en desarrollar una relación más consciente con el dinero. Esto implica incorporar prácticas concretas en el día a día, como:
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Contar con visibilidad clara sobre ingresos y gastos
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Comprender el funcionamiento y costo del crédito antes de utilizarlo
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Incorporar el ahorro como una práctica constante
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Identificar patrones de consumo que impactan en el presupuesto
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Construir un respaldo financiero para imprevistos
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Definir objetivos financieros que orienten las decisiones
En este punto, el rol de la formación resulta determinante. Desde el entorno académico y familiar se construyen los criterios que permiten tomar decisiones financieras más informadas y sostenibles.
“La clave no está solo en acceder al sistema financiero, sino en desarrollar criterio para tomar decisiones sostenibles en el tiempo”, concluye Higueras.
