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La Web 3.0, un destino necesario y seguro en el futuro de Perú

¿Qué tienen en común las criptomonedas, las compras públicas del Perú, la trazabilidad de alimentos y las transacciones de NFT? La respuesta es que son soluciones que utilizan blockchain. La lista de iniciativas podría continuar y ampliarse constantemente porque esta tecnología está cada vez más presente. De hecho, también es la llave de una nueva era que se está iniciando y es la de la Web 3.0.

Para entender hacia dónde vamos es necesario repasar los inicios. Todo empezó con la Web 1.0, cuando los navegadores apenas tenían algunos sitios compuestos de texto e hipervínculos y los usuarios participaban como meros consumidores. Internet, derivado del Arpanet, era un espacio de intercambio de información. Tiempo después, fue el turno de la Web 2.0, concebida de una forma más horizontal. El foco se puso en la interacción, el intercambio y se multiplicaron los productores de contenidos, principalmente a través de las redes sociales. Sin embargo, desde el punto de vista técnico los datos continuaron centralizados en el protocolo HTTP y en torno a plataformas como Facebook, Google, Amazon, entre otras. Precisamente, sobre este último punto está basada la nueva Web 3.0: la absoluta potestad de los activos digitales de los usuarios que, en lugar de empresas intermediarias, utilizarán blockchain.

Tal como lo indica su nombre en inglés, en blockchain los datos son bloques de información que se van entrelazando y forman una cadena de infinitos eslabones encriptados. Otra de las diferencias es que utiliza programas informáticos más elaborados, por lo tanto, son capaces de procesar una mayor cantidad de datos y de interpretar mejor el contenido. Desde hace algunos años, esto se conoce como web semántica.

La descentralización tiene dos consecuencias directas: en primer lugar, que la red mundial de Internet -que está compuesta de escasos nodos- será más eficiente y, en segundo lugar, que se mejorarán las posibilidades de conexión, no solo a través de computadoras, sino que también con otros dispositivos como celulares o tablets.

Referido a este tema, Perú tiene dos caras de la misma moneda. Por un lado, apenas el 65,3% de la población tuvo acceso a Internet durante enero de 2022, según un informe deStatista. Esto lo transforma en el 23° país de América Latina y el Caribe, por debajo de Cuba (68%) y muy lejos de Chile (92%), líder de la región. Por el otro, existen iniciativas interesantes en avance tecnológico. Por ejemplo, el uso de blockchain dePerú Compras en el proceso de las adquisiciones públicas, un método innovador que se implementó en abril de 2019 y que en menos de dos años y medio registró compras por 400 millones de dólares. El sistema, desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo, certifica la trazabilidad y garantiza la seguridad. Otro proyecto interesante en este sendero fue el programa de financiación de empresas que diseñan proyectos con blockchain. Se otorgarán créditos de hasta 8600 dólares. A medida que se avance en la innovación, la Web 3.0 dejará de ser un espejismo que se visualizará en otros países para transformarse en una de las claves del futuro del Perú.

Los negocios ya están cambiando. Las tecnologías colaborativas permiten crear conexiones entre diferentes sectores y establecer una red más completa y segura para los usuarios. Nike vendiendo zapatillas en el Fortnite o Adidas lanzando su propio metaverso son ejemplos concretos del futuro. Elgaming ya genera más ingresos económicos a nivel mundial que la sumatoria de la industria cinematográfica y la musical.

El “mundo virtual” ya no es un antónimo del “mundo real”, sino una prolongación. Durante la pandemia quedó bien claro: si los jóvenes antes se juntaban en una plaza, ahora muchos eligen hacerlo desde sus casas y a través de videojuegos. ¿Por qué aceptamos que las experiencias sociales e interacciones de las personas estén mediadas por terceros?

Gavin Wood, cofundador de Ethereum y uno de los pioneros de la Web 3.0, lo definió hace algunos años: “La Web 3.0 es la fundación de la libertad individual contra la autoridad arbitraria de los déspotas”.

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