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Cirilo, el talento de Satipo que transforma productos de la selva en helados artesanales

Lima.- Nunca es tarde para estudiar y superarse. Eso lo sabe muy bien Cirilo Laime Matamorros, quien en el 2011 dejó su natal Satipo para viajar a Lima y estudiar. No obstante, la falta de recursos económicos le llevó a dedicarse a la venta de frutas en un mercado y luego a trabajar como conserje. Las circunstancias por la que atravesó no apagaron sus sueños de estudiar una carrera en la universidad y lo logró, becado.

En el 2016, luego de diez años de haber terminado el colegio, Cirilo postuló y ganó Beca 18 Repared, modalidad dirigida a las familias de las víctimas de la violencia ocurrida en el país durante los años 1980-2000. Hoy, está por terminar la carrera de Ingeniería en Industrias Alimentarias en la Universidad Nacional Agraria de la Selva.

Desde pequeño, destacó en cursos como ciencias naturales y biología y ya soñaba en crear una empresa dedicada a transformar la gran variedad de productos alimenticios de su región. Así surgió su idea de estudiar Ingeniería en Industrias Alimentarias.

Por las noticias se enteró del concurso Beca 18 del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación. “Busqué información, pero en la modalidad Repared, a la que yo quería postular, pedían como requisito tener como máximo 29 años, yo tenía más”, comenta. En el 2016, ampliaron las edades y pudo ganar la beca. “Era la última oportunidad de mi vida, ya no había otra. Luego de 10 años de acabar el colegio, conseguí ingresar a la universidad, mis demás hermanos no pudieron. Opté por Industrias Alimentarias en la Universidad Nacional Agraria de la Selva, en Tingo María, porque quería volver a mis orígenes”, añade.

Cirilo creció en medio de una numerosa familia, integrada por nueve hermanos, en el caserío de Campirushari, en el distrito de San Martín de Pangoa, provincia de Satipo, Junín. Ellos quedaron huérfanos de padre desde muy pequeños. Su mamá, Feliciana, quien falleció hace dos años atrás, sostuvo el hogar con la siembra y venta de plátanos de isla.

En las aulas universitarias, el becario destacó por sus emprendimientos. Ganó concursos por sus innovadoras creaciones, como fideos de yuca. En el sétimo ciclo conoció a unos emprendedores que le motivaron a iniciar su propio negocio y no dudó en iniciar su aventura con la venta de helados artesanales. Al inicio solo ofrecía sus productos en ferias, pero en el 2020 creó su empresa Friolay. En su colorido y acogedor local ubicado en la ciudad de Tingo María, ofrece helados artesanales de casi 20 sabores, como camu camu, aguaymanto, aguaje, café, plátano, cocona, taperibá, cacao y guanábana, y en diferentes presentaciones. El helado servido en un conito hecho a base de hoja de plátano es el más demandado.

“Siempre quise tener mi propia empresa y lo logré. Inicié antes de la pandemia y me vi obligado a hacer delivery con mi moto”, asegura. Ahora, atiende de manera presencial en su negocio, pero sin descuidar sus clases virtuales de la universidad. “A veces me apoyan otras personas cuando tengo exámenes o exposiciones, porque no puedo solo”, dice Cirilo, quien se encuentra en el noveno ciclo.

Con orgullo, destaca que participó en el concurso del Programa Nacional de Innovación para la Competitividad y Productividad (Innóvate Perú) del Ministerio de la Producción, iniciativa que busca incrementar la productividad empresarial innovadora, fortaleciendo a sus actores. No logró el premio, pero valora que recibió capacitación en marketing digital y manejo de precios.

Cirilo consiguió un bono de mil soles de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) que le sirvió para comprar insumos y una licuadora especial para producir helados. Hoy, está buscando financiamiento para comprar 20 carritos heladeros y abrir puntos de venta en las zonas más calurosas del país. Entre ellos, las ciudades de Pucallpa, Tocache y Aguaytía. Tiene una ambición más grande: llegar a las playas de Lima con sus helados.

La otra meta del becario, apenas se gradúe, es regresar a San Martín de Pangoa para emprender otros negocios y generar desarrollo en su comunidad. “Allá hay muchos productos para hacer derivados de naranja, plátano o yuca. Quiero elaborar néctares, bebidas funcionales y gaseosas, sin saborizantes ni conservantes. De esta manera, busco ayudar a las familias ofreciéndoles trabajo para que salgan de la pobreza”, comenta.

“Muchos creen que la edad es un impedimento para estudiar, piensan que ya no tendrán oportunidades. Es un problema mentalidad. Lo que importa es el ímpetu o la pasión por cumplir tus metas”, dice firmemente el talento Pronabec. Su mensaje para todos los jóvenes es que sigan sus sueños, pese a los obstáculos, y se comprometan a sacar adelante a su región y su país. Esa es la esencia de la vida para Cirilo.

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