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Vigilantes peruanos celebran su día en pleno crecimiento del sector de seguridad privada

Lima.- Como todos los 11 de marzo de cada año, los vigilantes, también llamados agentes de seguridad, celebrarán su día; el cual fue creado por la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (SUCAMEC) para reivindicar su labor y darle una cara amigable a aquellas personas que exponen su seguridad por cuidar la de otros, porque cuando tratas con respeto a un vigilante, lo motivas a ser mejor.

Según el Ministerio de Trabajo en nuestro país hay aproximadamente 70 mil agentes de seguridad privada; sin embargo, sólo el 32% de ellos trabajan de manera formal. Asimismo indican que de las más de 600 empresas de seguridad privada existentes en el Perú, poco más de 200 cumplieron con registrar a sus trabajadores en dicha institución.

“El día del vigilante es muy importante para el sector, por el reconocimiento que merecen dada la labor que realizan. Es una gran oportunidad para que la sociedad valore y reconozca la importante labor del agente de seguridad”, señaló Felix Rivas, subgerente de Talento Humano de Liderman.

Historias de superación
Un vigilante es mucho más que un uniforme. Hay historias de superación personal y de heroísmo que merecen ser conocidas.

Un ejemplo es el de Mirtha Haydee Vidaurre Zeña de Falcón (33), casada y con tres hijos (2, 7 y 13). Cuando pensó en trabajar en seguridad, no creyó que la gran cantidad de esfuerzo físico la llevaría a querer tirar la toalla. Su madre fue un apoyo vital durante su entrenamiento pues la animó a seguir adelante, y así consiguió salir seleccionada e ingresar a una de las empresas más exigentes del sector.

A lo largo de sus 5 años en Liderman, ella ha venido recolectado muchas anécdotas, como la vez que tuvo que aprender 450 nombres en 2 semanas, ante lo cual ella respondió victoriosa. Ahora está muy emocionada porque está a punto de terminar de pagar su casa, todo gracias a su esfuerzo y dedicación.

Héroes anónimos
Ser un agente de vigilancia puede significar estar en el momento oportuno para socorrer a alguien que se encuentra en peligro. Este es el caso del agente Humberto Chávez Bartra (51), quien tiene esposa y una hija de siete años. Mientras cumplía su jornada laboral en un conocido centro comercial, señora se le acercó muy preocupada y adolorida, y al frente suyo, se le rompió la fuente. Al instante, don Humberto la tranquilizó, consiguió una silla de ruedas y dio aviso a la ambulancia para que la trasladen a tiempo. A la semana la mujer, muy agradecida, regreso con su bebé para presentársela.

Otro caso es el de Juan Víctor Rojas Elera (33), soltero y con dos hijos. Cuenta que un día mientras regresaba a su casa, después de cumplir su horario de trabajo, observó que atropellaron a un motociclista. Sin pensarlo dos veces, se bajó del auto en que viajaba para auxiliar al herido y evitar que le robaran sus cosas, todo esto gracias al entrenamiento recibido; se comunicó con la ambulancia, contactó a los familiares y lo acompañó a la clínica. En todo momento estuvo al pendiente del herido, quien al recobrar la conciencia le agradeció por haberlo ayudado desinteresadamente y fuera de turno.

Estas son solo algunas de las miles de historias de valor y admiración protagonizadas por los más de 70 mil agentes de vigilancia del país, que muchas veces pasan desapercibidos en sus puestos de trabajo y no se les da el reconocimiento que merecen.

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